Mi
perro y yo teníamos lo mismo, costras en la cabeza.
Entonces
no se hablaba mucho de los efectos producidos por el cansancio, la preocupación
y la naturaleza. Así recuerdo las palabras conque mi tío me habló aquella
tarde. Al principio pensé que al mencionar a la ¨naturaleza¨ él se refería al
entorno de la granja hasta donde mi padre me llevó para conocerlo, en un
pequeño viñedo en el centro de Hamilton Valley, California. En realidad, la naturaleza
a la que él se refería era la que le había tocado atravesar desde Long Xuyen, y
por el delta del Mekong en dirección hacia Saigón, cuando su paracaídas se
abrió y lo depositó lentamente en Vietnam en la primavera de 1972. Jamás vi un
vacío igual en la mirada de otro hombre. Toca aquí, me dijo tomando mi mano y
llevándola hasta una pequeña cicatriz en su costado izquierdo, sentí algo
parecido a la punta de un bolígrafo debajo de la piel. Es un pedazo de mortero
que jamás pudieron extirpar, me aclaró, y quizá noté algo de orgullo en el
fondo de su voz.
Nunca
he podido olvidar la delicia que para mí significaba escucharlo mencionar el
calibre de las balas conque alimentaba el cargador de su fusil de asalto, era
una sinfonía completa en una sola frase, cantada además por el timbre grave que
salía de su garganta, ¨seven point sixty two milimeters of full metal jacket¨.
Mis oídos se relamían.
¨Llegué
casi al final de la guerra, pero todavía así tuve la oportunidad de ver a
algunos de mis compañeros caer a mi alrededor. Las cifras indican que fueron
casi sesenta mil las bajas de nuestro ejército, incluidos mil setecientos
desaparecidos. Yo estoy seguro que fueron muchos más. Las comunicaciones eran
terribles, first to go, last to know, y fue una pena. Muchos de nosotros sólo
pensábamos en disparar primero y preguntar después, era eso o la oscuridad.
Mientras estuvimos allá tratamos de sobrellevar el infierno de cualquier
manera. Había entre nosotros un muchacho que imitaba la voz de L.B.J. y citaba
¨no enviaré a jóvenes norteamericanos hasta el otro lado del mundo para hacer
un trabajo que los chicos asiáticos deben hacer solos¨. Sonrisas. La idea de
asistir era por demás deprimente, pero estaban regalando residencias. Y era una
razón de peso para ir a la guerra. Muchos en realidad no querían estar allí,
otros querían ser el primero de la cuadra con una muerte confirmada. Mi trabajo
consistía en sobredimensionar detalles que muchas veces nunca sucedían, y la de
aplacar los comentarios referentes a las bajas en combate. Sí, era el
corresponsal de mi unidad, y ante todo ese desastre, muchas veces me preguntaba
¿Para qué diablos servía el pensamiento? El mío vagó casi siempre por los
sueños eróticos de las tetas bien duras, de los pezones erectos y estreñidos de
Mary Jane Rocket Crunch, qué delicia maldita sea! Deambulé por los sueños
húmedos y el deseo fervoroso de un polvo bien clavado con Brigitte Bardot o
Gina Lollobrigida, en medio de esa matanza sin sentido, en mitad de la
fantástica revelación y de la inmejorable algarabía de la cogida que de seguro
iba a tener con cualquier mujer a mi regreso. Sabía perfectamente que la muerte
me tenía bien tomado por los huevos, pero después de cada incursión,
inmediatamente después de la menor escaramuza, lograba sentirme terriblemente
contento por estar aún con vida, casi entero, y de poder ir a donde las ganas
(o las órdenes) me emplazaren. Y sé (y no era sólo entonces sino también ahora)
que mi vida se desarrolla en un mundo de mierda, sí, pero estoy vivo y aunque
cosas así jamás debieron suceder, sigo aprendiendo a establecerme entre la
esperanza y el miedo¨.
Esta
parece ser aquella misma tarde en la que sus palabras me llenaron y en la que
en ningún momento apareció lo que nunca ha sido necesario y sin embargo es la
razón de nuestra mayor desdicha. Si lo pensamos bien, ahora que la guerra ha
vuelto y que las víctimas del holocausto están matando en este instante niños
en Gaza, delante de nuestros propios ojos, ojos abiertos y ensangrentados, dios
es sólo una palabra envuelta en el aroma de una planta que definitivamente se
ha vuelto venenosa.
29
julio 2014
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