A veces mi mano cae
sobre el murmullo de la tarde,
y la pizarra dura y en penumbra gime
como un vidrio que se rompe cuando late;
van entrando hacia los corredores
las horas del sinfín nocturno
pero todo está vacío
las ventanas, los árboles inútiles
también tus ojos, el valor
y la totalidad de los vientos violeta.
10 de julio 2006
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