lunes, 3 de agosto de 2020

II PARTIDA

II
Partida

Así voy, como el que avanza.

La madeja desovilla largamente mi lamento
y mi rastro es un árbol sin hojas,
un pesar que se queja a cada paso
y en silencio.

La luz se cierne en las pestañas del día
y hay luz por las tardes y en las noches.

El frío clava sus agujas en mis hombros
y un camino, desnudo, se abre
a partir de mi voz cuando te llama.

TRONO DE BRASAS



“Bajo tu clara sombra vivo
Como la llama al aire
En tenso aprendizaje de lucero”
O. Paz.


 I
Inicio

Ahora, como antes entre la ceniza,
luego de la llama incomparable,
y del humo que se pierde hasta extinguirse,
más allá del cúmulo silente
y del cielo desbocado,
se desprende el pétalo de la marcha última.

Y desde el horizonte pienso que llega,
sobre el surco de la tierra arada
el agónico ladrido de los cancerberos que me esperan.

AFRICA


Árbol enorme en que la noche cuelga
sus despojos tristes, su luna abierta,
un rosal de estrellas que vuelan en la nada,
el grito que ahoga su fiereza inmunda.

La sombra abre sus ríos
como espadas que rompen el alma de la tierra,
con su rumor remoto que socava
su laja de odio, su escarabajo de muerte.

Ardiente y sólido exterminio,
oh! páramo sin voz ni sombra,
presa del antílope que tiembla,
que pasta su muerte en un instante vacío.
Recorre el viento su estancia infinita.
Unos diamantes se deshacen en piedras tristes,
crueles cristales carcomidos por el polvo,
desafíos de unas alas que baten la corteza de los días.

Quizá el colmillo que tiembla como el vidrio:
una batalla que la tierra gana sin tus manos.
Huella que tu cuerpo prende en el fuego,
quiebra el sueño, la mentira, el desafío.
El mundo nace cuando el león que ruge parte.
Destino del hambre, sin su coraza de flores lánguidas,
como una boca de sal, unas alas como brazos,
un torbellino azul de frío, un esqueleto que respira.
Mar de espinas, mar de huesos, mar de lágrimas,
sin dientes o espumas de cartón, o de miseria.
Olas que son la luz de la selva inexistente.

África,
el obstáculo que pone su hombro de carbón,
(horizonte que mi mano toca con sus uñas rotas)
tiene un corazón de plumas derrotadas,
unas frutas con alma gris de sangre,
pupilas que a lo lejos se quiebran desde el sueño.
Rosadas son las crestas de los grillos cuando cantan.

África,
tu amor late en la vibración de cada junco.
Cuerpo que regresa con su paladar de fuego.
Es como un faro la soledad que el trueno destierra.
Una cristalina lámina de piel que ladra.
Choza que vence la hoguera que se extingue,
sin rocío, sin insectos de élitros de perla.
Paredes descolgadas del tiempo que se extiende
y tala con su alma de barro y de madera
el manto del cielo, su cuerpo de acero.
Oasis que encierra su cuerpo de agua con cadenas,
ronda con barrotes de troncos y agujeros
el camino, la víbora, tu vientre.
Desierto y pálida solaris,
con frutos heridos, desterrando con la sombra
su portal de nube negras y silencio.
Mancha que tu boca cuando besa engendra.

África,
pájaro y desierto que vuelan agotados.
De tal manera huyó tu boca viva.
Aire que destierra los ríos de sombra,
fluye con su costra de calor y humo,
sin amor y sin pena.
Costas vacías, sin mordidas, sin dientes.
Ni el engaño rasguña los huesos.
Fronteras que se pierden sin estrellas.

África,
el calor del desierto es tu pelo.
Ocaso de sombras naranjas y violetas.
Es la soledad de tu costa un marfil pleno,
un pezón abandonado que se ahoga,
lunar duplicado de arrugas y muerte
que deshace tus senos en dos alargadas gotas.
Siembra una hilera de hormigas sin hojas
tu vino, el agrio paladar, semillas de carne,
mejilla de cristal y bordes de agua.

África se mueve en un espejo de tormentas.
Fuente de perros que se ríen con desgarros,
ríos que siguen los rastros que rondan la tierra.
Incendio de la brisa, borde de cenizas,
corre, a veces, con su agotada lumbre;
asienta sus pupilas cuando llora.

Tu nombre es un cuerpo de arena
que se extiende con el viento.

Tus ojos dos estrellas que la oscuridad se bebe
sobre la marea opaca de tu frío rostro.

Y la pequeña piedra y tu celeste infierno,
hiere mi planta, a cada paso cuando avanzo.

Lilly of the valley



Mi perro y yo teníamos lo mismo, costras en la cabeza.
Entonces no se hablaba mucho de los efectos producidos por el cansancio, la preocupación y la naturaleza. Así recuerdo las palabras conque mi tío me habló aquella tarde. Al principio pensé que al mencionar a la ¨naturaleza¨ él se refería al entorno de la granja hasta donde mi padre me llevó para conocerlo, en un pequeño viñedo en el centro de Hamilton Valley, California. En realidad, la naturaleza a la que él se refería era la que le había tocado atravesar desde Long Xuyen, y por el delta del Mekong en dirección hacia Saigón, cuando su paracaídas se abrió y lo depositó lentamente en Vietnam en la primavera de 1972. Jamás vi un vacío igual en la mirada de otro hombre. Toca aquí, me dijo tomando mi mano y llevándola hasta una pequeña cicatriz en su costado izquierdo, sentí algo parecido a la punta de un bolígrafo debajo de la piel. Es un pedazo de mortero que jamás pudieron extirpar, me aclaró, y quizá noté algo de orgullo en el fondo de su voz.
Nunca he podido olvidar la delicia que para mí significaba escucharlo mencionar el calibre de las balas conque alimentaba el cargador de su fusil de asalto, era una sinfonía completa en una sola frase, cantada además por el timbre grave que salía de su garganta, ¨seven point sixty two milimeters of full metal jacket¨. Mis oídos se relamían.
¨Llegué casi al final de la guerra, pero todavía así tuve la oportunidad de ver a algunos de mis compañeros caer a mi alrededor. Las cifras indican que fueron casi sesenta mil las bajas de nuestro ejército, incluidos mil setecientos desaparecidos. Yo estoy seguro que fueron muchos más. Las comunicaciones eran terribles, first to go, last to know, y fue una pena. Muchos de nosotros sólo pensábamos en disparar primero y preguntar después, era eso o la oscuridad. Mientras estuvimos allá tratamos de sobrellevar el infierno de cualquier manera. Había entre nosotros un muchacho que imitaba la voz de L.B.J. y citaba ¨no enviaré a jóvenes norteamericanos hasta el otro lado del mundo para hacer un trabajo que los chicos asiáticos deben hacer solos¨. Sonrisas. La idea de asistir era por demás deprimente, pero estaban regalando residencias. Y era una razón de peso para ir a la guerra. Muchos en realidad no querían estar allí, otros querían ser el primero de la cuadra con una muerte confirmada. Mi trabajo consistía en sobredimensionar detalles que muchas veces nunca sucedían, y la de aplacar los comentarios referentes a las bajas en combate. Sí, era el corresponsal de mi unidad, y ante todo ese desastre, muchas veces me preguntaba ¿Para qué diablos servía el pensamiento? El mío vagó casi siempre por los sueños eróticos de las tetas bien duras, de los pezones erectos y estreñidos de Mary Jane Rocket Crunch, qué delicia maldita sea! Deambulé por los sueños húmedos y el deseo fervoroso de un polvo bien clavado con Brigitte Bardot o Gina Lollobrigida, en medio de esa matanza sin sentido, en mitad de la fantástica revelación y de la inmejorable algarabía de la cogida que de seguro iba a tener con cualquier mujer a mi regreso. Sabía perfectamente que la muerte me tenía bien tomado por los huevos, pero después de cada incursión, inmediatamente después de la menor escaramuza, lograba sentirme terriblemente contento por estar aún con vida, casi entero, y de poder ir a donde las ganas (o las órdenes) me emplazaren. Y sé (y no era sólo entonces sino también ahora) que mi vida se desarrolla en un mundo de mierda, sí, pero estoy vivo y aunque cosas así jamás debieron suceder, sigo aprendiendo a establecerme entre la esperanza y el miedo¨.
Esta parece ser aquella misma tarde en la que sus palabras me llenaron y en la que en ningún momento apareció lo que nunca ha sido necesario y sin embargo es la razón de nuestra mayor desdicha. Si lo pensamos bien, ahora que la guerra ha vuelto y que las víctimas del holocausto están matando en este instante niños en Gaza, delante de nuestros propios ojos, ojos abiertos y ensangrentados, dios es sólo una palabra envuelta en el aroma de una planta que definitivamente se ha vuelto venenosa.
29 julio 2014

III . Pulso

 A veces mi mano cae sobre el murmullo de la tarde, y la pizarra dura y en penumbra gime como un vidrio que se rompe cuando late; van entran...