viernes, 5 de junio de 2020

            MAREA

Y cuando un tulipán se rompe, llora,
como un volcán, desprevenido el monte,
en lágrimas de un nácar insondable
la tierna mansedumbre de tu pubis.

Soy el que soy, fondo claro y vacío,
una pradera infame de rechazos,
como la percha en que los días dejan
el rastro de tus labios escarlata.

Voy a lamerte pronto tanto llanto
y toda hiel que tu interior derrama,
sobre el lienzo del borde de tu cama
desovilla mi lengua tu otra boca.

Y al final eres como todas, perra,
maldita! Piel de música y olores,
caricia de tu mano que oscurece
la sombra de mi falo entre tus dientes.

Viví, junto a tu almohada, cada grito,
y vi llamar tu mano entre mis piernas:
en un jamás sin flores ni desprecios
se vierte al fin mi semen en tu pecho.

Pende mi ansia de una rama de muerte,
Como si todo fuese triste, oscuro:
y tu boca me pone otra medalla
a riesgo de vivir sin ser preciso.

La lámina de carne de tu lengua
levanta en un instante toda pena:
la vergüenza que nace dura y clara,
es el minuto en el que el sexo empieza.

Que hoy te muevas como puta!
Yo te giro como noria,
mis ojos son estos que miran de frente tu espalda.
La mano que somete tu cabeza se hace piedra
cara a cara sólo tienes una sábana.
La otra mano cuenta imaginarias vértebras distantes
mientras sube y baja, y sube, y baja;
te empujas hacia atrás con una fuerza aleve
y se introduce en tu canal mi espada,
y hay caricias que separan en dos mares tus nalgas
y hay una voz que se despierta y muslos que se abren y se cierran.
Te muerdo el cuello ,y te pregunto: a ver qué duele más?
Tu cuerpo es mío y se distiende.
Te abro con mis dos manos en llamas.
Escupo, apago el fuego,
y un olor quemante y profundo se eleva:
un par de instantes pienso en saber que soy un perro.
Te ejecuto en el blando paredón de la cama,
te quiebro el brazo, caen hacia atrás las manzanas,
pretendo distraer de nuevo este dolor de manera tal que no existiera;
un paraguas es tu mano que se abre y se cierra sobre la tela
y es tu aliento lo que grita más que un grito:
pero tus ojos son dos lunas negras que me miran
desde el luminoso portal del universo,
yo sé (aunque no me atreva) que estoy golpeándote,
te rompo, oh sí, la boca con dos besos,
te muerdo la sangre,
busco herirte estableciendo mi recuerdo.

Caduca juventud de sed y mieles,
quiebro cada piedra con mi nombre
mientras tejo sin lugar mi rastro.

En cambio tú que no lo sabes
sólo esperas en la marea del día
a aquel que no soy yo,
que te toca o aparece, con o sin insultos.

G.C. 2009

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